miércoles, 29 de julio de 2009

Si llego tarde...


Si llego tarde, no me esperes.

Vístete para mí. Escoge el raso.
Mírate en el espejo. Siente como te abrazo.
Unas gotas de perfume sobre tu pecho,
tu cuello, tus muñecas, tus muslos...

Ve al piano. Siéntate. Destápalo.
Siente el tacto de tus teclas en tus dedos.
Su calidez. Su suavidad.
Como la tela entre tu vientre y mis manos.

Toca lentamente. Dame tiempo a llegar.
Mientras, tus hombros serán mi presa.
Mis besos y mi aliento sobre ellos
harán que tus tirantes caigan rendidos.

No pares. Cierra los ojos. Siénteme.
Mis labios en tu cuello. Y los tuyos, suspirando.
Mis manos rozando tus piernas
que se abren poco, a poco, a poco, a poco...

Si llego tarde, no me esperes.
Que sean tus manos las que sigan la música.
Que tu cuerpo se estremezca en cada roce de tu piel.
O de la mía... porque ya estaré allí.

Ofrécete


Date toda tú para embriagarme.
Ábrete. Tómame en tus manos.
Guíame por tus piernas
hasta la fuente de tu deseo.

Llevas a mis besos a escalar tus pantorrillas
para coronar tu rodilla. Te miro.
Luego es mi lengua quien lidera el descenso
por tu muslo suave. Desnudo. Incrédulo.

Quiero emborracharme de ti.
Que me hagas perder el sentido y perderme.
Arrastrarme a tu interior y arrastrarte,
llevarte, llevarnos a un paraíso ardiente.

Prendo como el alcohol con la cerilla.
Enloquezco apasionado entre tus piernas.
Soy verdad de ebrio en tus manos.
Muero por traerte y llevarte de vuelta al cielo.

domingo, 26 de julio de 2009

¿Te imaginas?

Quiero convertirme en un manto de gasa
para atrapar por completo tu cuerpo.

¿Te imaginas?

Una suave caricia en los dedos de tus pies.
Un leve roce que asciende por tus tobillos.
Un abrigo cálido que besa tus pantorrillas.
Un tacto sedoso que rodee tus muslos.
Un pliegue inquieto mimando tu entrepierna.
Una brisa de tela erizando la piel de tu vientre.
Un aliento ardiente cubriendo tus pechos.
Un suspiro de deseo que invada tu cuello.
Un beso de tul que no abandone tus labios.

sábado, 25 de julio de 2009

Disfrutemos

Quitémonos las máscaras. Hoy nos desharemos de nuestros personajes y quedaremos el uno ante el otro como lo que somos; como lo que sentimos y buscamos. Lancémonos al vacío y permitámonos sentir nuestros cuerpos sin disfraces.

No dejes de mirarme. Me encantan tus ojos. Me pierdo en ellos. Mírame desde donde estás sentada y no pierdas detalle. Me gustaría ser yo, pero la distancia no me permite desabrocharte la blusa. Hazlo despacio. Sintiendo cada uno de los movimientos y roces, sin perder de vista mis ojos.

Acaricia tu vientre, pero no cierres los ojos todavía. Hazlo con la yema de tus dedos y asciende hasta tus labios para meter uno de ellos en tu boca. Siéntelo bien, pero no apartes tu mirada. Sigamos juntos.

Desciende por donde viniste. Acaricia con tus dedos húmedos la piel que anhelo. Y al llegar a tu pantalón y querer colarse en él, cerremos los ojos. Yo te imaginaré recostada en esa silla, con la blusa abierta igual que tus piernas. Y tu mano entre ellas. Me acariciaré, te tendré conmigo y me dormiré soñando tu cuerpo, y espero que tu disfrutes de nuestro momento por primera vez... O no.

Tranquila. Nadie nos ve

viernes, 24 de julio de 2009

Dulce espera


Lo tienes en tus manos. Tú mandas porque así lo acordamos. Me miras fijamente, sin pestañear, sosteniendo la taza en tus manos. No lo soporto. Me pides lo que tanto me cuesta. A veces creo que te encanta verme sufrir; que te gusta ser cruel conmigo. Sólo cuando llega el momento en el que me liberas disfruto de haber retenido todo el deseo para dártelo en un sólo gesto.

Sigues delante mío. El uno sentado frente al otro. Desnudos. Con tus piernas sobre las mías abrazando ligeramente mi cintura. Con mis manos en mi espalda, sin poder tocar siquiera tus pies. Con tus ojos en los míos, y la taza sobre tu pecho con el chocolate a punto de ser servido.

“Sólo cuando vaya a llegar a mi pezón, ¿de acuerdo?”


Es la tercera vez que lo repites. El momento está cerca. Inspiras. Veo que tu piel se eriza. Parpadeas. Y dejas caer el chocolate sobre tu pecho. Mis manos abandonan mi espalda y mis ojos los tuyos para centrarse en tu seno. El objeto de mi deseo. Lo observo. Lo admiro. Intento adivinar como va a moverse mi amo. Veo como dos brazos se adelantan al resto de ese cuerpo dulce. Están llegando, pero dejan a tu pezón en medio, como queriendo abrazarlo...

Levanto la mirada. Tus ojos me están pidiendo que lo haga. Que mis labios te saboreen dulce y amargamente. Lo deseas, y estás tan impaciente como yo momentos antes, cuando mis manos no podían liberarse. Respiro hondo. Tus labios se entreabren. Mis párpados bajan. Mis manos atrapan tu seno delicadamente. Los pulgares acarician el contorno de tu pezón. Mi lengua lo corona, y lo desciende en círculos. Mi boca lo envuelve. Los sabores se mezclan y estallan. Y nuestros gemidos, pronunciados al unísono, son el preludio de una dulce noche de sexo.

martes, 21 de julio de 2009

Instantes (II)



Instantes

Las manos pierden el rumbo, el fuego estalla y abrasa
los labios bajan y bajan...perdiéndose más allá del vientre.


Respiración entrecortada. Suspiros encerrados.
Tu labio atrapado entre tus dientes.
Tus labios recorridos por mi lengua.
Besados. Lamidos. Explorados.
Incursiones en ti. El sabor de tu calor.
Caricias en tu vientre. En y entre tus piernas.
Besos en tu deseo. En tu pasión palpitante.

Gimes. Suspiras. Pides.
Atrapo. Mordisqueo. Succiono.
Acaricias. Gritas. Ardes.
Entro. Provoco. Doy.
Asientes. Arqueas. Estallas.
Disfruto. Absorbo. Abrazo.
Vuelas. Vuelo. Satisfechos.

lunes, 20 de julio de 2009

No tengas prisa

- No me esperes. Ya llegaré a casa, ¿vale?

Se lo dijo mientras la veía desaparecer entre la gente de la discoteca. Aquellas palabras se abrían paso entre los dientes de Sonia. Reía. Y a Mónica no le supo mal porque sabía que estaba muy colgada de Sergio. Los observaba mientra bailaban en la pista: como ella se movía de manera provocadora mirándolo, como bajaba los ojos cuando él la encontraba, como Sergio se mordía el labio inferior cuando Sonia le daba la espalda... Vio todo el ritual desde la barra y se vio reflejada el día anterior. Recordaba que ayer era ella la reina de aquella pista; que eran sus pies los que dejaban caminos de fuego por donde pasaban.

Entonces nota las manos de Mario recorriendo su silueta mientras bailaban. Sus ojos, los de él, clavados en los suyos, los de ella. Ahora piensa que sí. Que seguramente la mirada de él se dirigía a sus pechos cuando lo perdía de vista, o en el culo al girarse y contonear las caderas con aire provocador. Pero, sobretodo, recuerda el movimiento de sus labios y su lengua cuando cantaba “No tinguis pressa”.

Si te interesa, sabes mi dirección.
Me encontrarás en medio del sueño más húmedo


La dejaba sin respiración, igual que ayer. De camino a casa su mente proyecta un primer plano de la boca de Mario mientras recuerda toda la escena. Los gestos, las manos, la música... pero por encima de todo sus ojos verdes que la desnudaban. Un incendio volvía a invadirla. El aliento se tornaba deseo, los pasos se aceleraban y los dedos, inconscientemente, rodeaban su ombligo con caricias lascivas. Se dio cuenta justo cuando se encontraron con el cinturón que les cortaba la ruta descendente. “¿Dónde estoy?”. Una vez de vuelta a la realidad cayó en la cuenta que estaba justo delante de casa de él.

Puede que estés al rojo vivo pero no te atreves.
No importa que hora sea. Ven a verme.


Dos y media. Mira el portal con el corazón pidiéndole que llame. Se acerca al interfono despacio. El estómago se encoge. Las entrañas ardientes se lo suplican. Su aroma le llega, se siente húmeda y la vergüenza puede más que el deseo. Da media vuelta para irse a casa

Pero nada más dar dos pasos un ruido sordo hace que se detenga a medio camino. Mira hacia arriba y ve como se enciende alguna luz en el segundo. Y un instante después, otra vez ese zumbido que ahora suena a música, pero esta vez acompañada por el “¡clac!” que hace la puerta al empujarla Mónica.

jueves, 16 de julio de 2009

Desátame

Imposible. Esta vez aseguraste bien el nudo y mis manos estaban bien atadas al respaldo de la silla. No pude escapar. En tu cara una sonrisa de satisfacción sabiéndote ama y señora de la situación.

Vestías un babydoll negro con braguitas a juego. Tus ojos se clavaban en los míos y yo .... no sabía si aguantar la mirada o disfrutar de la visión de tus pechos, con esos pezones queriendo atravesar la gasa. Tu cara era la imagen del deseo intenso. Me tenías ante ti, listo para ser tuyo por completo.

Te acercaste a mí, sin rodeos. Con tus manos puestas detrás de mis rodillas y tirando de mí hacia ti conseguiste sentarme al borde de la silla. Tus caricias comenzaron a extenderse por mis muslos, cada vez más cerca de mi sexo todavía flácido .... por poco tiempo. Estabas deseosa de mí. Y esa pasión ardiente hacía que me excitara más, y debido a ello el primer contacto de tus dedos con mi miembro lo hicieron algo más fuerte. Y luego más. Y luego ...

Masajeas mi sexo, mis genitales .... incluso tus dedos rozaron mi ano y te quedaste sorprendida por mi gemido. Acababas de descubrir algo no esperabas. Pero .... ahora no es el momento. Te acercas más a mí, aún de rodillas, mirando mi miembro bien enhiesto ... esperándote. Tu lengua rodea mi glande y comienzas a descender lentamente hasta que mi sexo desaparece dentro de tu boca. Sentir cómo lo rodean tus labios y cómo tu calor lo envuelve .... me excita. Más aún cuando permaneces así, quieta, unos segundos. Tus manos se acercan a mi vientre. Lo acarician ... y yo sin poder corresponderte, impedido por la cuerda que retiene mis brazos a tu espalda.

Tus dedos poseen mi torso desnudo. Liberas despacio mi sexo y tus labios siguen el camino de tus manos. Tu mirada es terriblemente excitante. Y yo me estemezco al notar como tu vientre roza mi miembro y al sentir tu lengua rodear mis pezones. Quiero liberarme. Estoy hambriento de tu cuerpo pero me tienes encerrado en el mío. Pareces leerme el pensamiento porque en ese momento tus dedos se acercan a mis labios. Los rodean, los abren y se introducen en mi boca para alimentarme un poco de ti. Juego con ellos con mi lengua. Intento excitarte al máximo para que me sueltes y así poder dártelo todo, pero hoy te haces fuerte. Te recreas en mi pecho acariciándolo y mordisqueando mis pezones ... y yo que mataría por poder hacer lo mismo con los tuyos.

Acaricias mi cuello. Te sientas sobre mis piernas, con las tuyas abiertas, para ponerte a mi altura. Tu aroma me llega, al igual que tu calor. Te incorporas un poco, lo justo para poner entre mis dientes la cinta que mantiene tu babydoll. "Despacio ...". Con un suave movimiento de mi cabeza hacia atrás logro deshacer el lazo y abrir esa gasa que ya cae por tus brazos dejando tus hermosos pechos al descubierto. Los quiero. Quiero poseerlos.


"Voy a desatarte, pero sólo si no me besas ni me tocas hasta que yo te diga. ¿De acuerdo?". No puedo negarle nada a esa mirada. Aún estando al borde de locura, obedeceré lo que me manden tus ojos. Así que aún abalanzándote sobre mí para desatarme, a pesar de sentir el calor de tus pechos sobre el mío o tener tu cuello a escasos centímetros de mis labios, me retengo. Aguanto hasta tenerte de nuevo a la vista esperando que me pidas ... "Ven. Mi pecho te reclama". Acaricio uno de ellos con mis dos manos, atrapándolo mientras lo admiro. Me acerco a ese pezón durísimo y rosado hasta besarlo. Una y otra vez, abriendo a cada beso más mi boca, apasionándome al sentir tu dulce sabor en mi boca ....

Suspiramos. Mi boca se ensaña con tu pecho y enloquecemos. Succiono, beso, mordisqueo, acaricio, atrapo, ... mientras tú buscas mi sexo para sentirte llena de mí. La pasión se desata. Mis manos conquistan tu cuello seguidas de mis besos; las tuyas me encuentran, me insertan, ... Gemimos y nos movemos desatados. Nuestros alientos se alimentan, mi nombre en tu voz es una bomba estallando en mis entrañas, el sabor de tu piel ardiente una droga. Tu mirada, perdida en mis ojos, la visión de tu paraíso. Del inmenso placer que me hace desbordar de gozo.

martes, 14 de julio de 2009

Solos

De nuevo llego a la cama. La noche me envuelve con tus brazos que pretenden abrigarme una vez más. Y es que desde el momento en que besé tu piel, su veneno entró en mi cuerpo para quedarse eternamente y encederme al contacto con las sábanas.

Son tus ojos la primera imagen de ti. Sus pupilas rebosantes de deseo que me muestran tu fiera a punto de desatarse. "Vamos .... ven a mí.". Mi mano hecha tuya apresa mi sexo. Tu mirada me atraviesa para dejarme atado al colchón. "Ven. ¿A qué esperas? ¿Por qué no te mueves?".

Imagino que me imaginas. Te veo en tu cama, entéramente desnuda, con tus dedos explorando suavemente tus pechos, tu vientre ... Y en tu mente es mi lengua la que te recorre, siendo esa la única parte de mí que te toca. Los besos acompañan. Tu ombligo se convierte en mi descanso. Lo rodeo, lo acaricio, lo mimo, lo observo ... y veo como tu cadera se eleva ligeramente, y tus piernas abriéndome paso.

No hay más besos. Tu olor me llama. El infierno que arde entre tus piernas me grita y acudo. En tu mente, ya me pierdo en tu sexo. Mis dientes se incrustan en tu ingle. Mi lengua te recorre llevando a mi boca tu intenso sabor. Mis labios deseosos beben desesperados de ti. Mis manos, ávidas de tu cuerpo, recorren tu vientre, tus muslos, tu cadera, ....

Mi lengua explora cada rincón oculto. Te busca y se entrega a tu placer, rendida. Mis dedos, sedientos, necesitan de ti. Se acercan hasta adentrarse y encender aún más tus entrañas y mi boca, desplazada, se centra en excitarte; en volverte loca rodeando, atrapando, mordisqueando y succionando toda tu pasión contrada.

Ambos gemimos y gritamos, presos de una atracción imparable. Nos retorcemos entre nuestras sábanas imaginando el placer del otro; jugando con nuestra mente y disfrutando de tanta pasión en la distancia. Y estallamos, solos, sintiendo como el orgasmo distante y el propio corre por nuestras venas.

Y despertamos en el lado ocupado de la cama observando el vacío de quien nos llevó al cielo ... una vez más.

sábado, 4 de julio de 2009

12 uvas


Sentados de lado, uno frente al otro, desnudos, acabamos de preparar nuestras campanadas especiales para esta noche. La mermelada de uva, en raciones muy pequeñitas, queda repartida por 12 puntos de nuestros cuerpos. Y en este momento pones la que hace 13.

- Está fría
- Y tú, ardiendo
- No lo dudes


Nos acariciamos lentamente las zonas que quedaron libres sin dejar de mirarnos. El deseo va en aumento a medida que se acercan el momento de los cuartos.

La bola comienza a bajar. Suena el carrillón y unas sonrisas pícaras nos invaden el rostro. El corazón bombea fuerte. Muy fuerte.

Comienzan los cuartos. La excitación crece a una velocidad de vértigo. Me lanzaría sobre ti, pero acordamos respetar los tiempos. Me acerco a ti. Comienzo yo.

¡Dong! Mi lengua recorre tu cuello recogiendo a su paso toda la mermelada que encuentra. No puedo evitar cerrar la boca y propinarte un leve mordisco. Quise seguir, pero se acabó mi tiempo.

¡Dong! Tu turno en mi cuello. Eres más hábil y tienes más tiempo para recrearte en tu beso. Y qué manera de besar. Me enciendes. Sabes que las dos próximas son para mí.

¡Dong! Mi boca encierra tu pezón derecho mientras mi lengua, en un recorrido en círculo, limpia cualquier resto de confitura. Y antes de la siguiente campanada estoy en el izquierdo.

¡Dong! Un "Sshhh!!" sale de tu boca. Notas que me embalo, que te excita. Pero queremos mantener la tensión. Mis dientes no pueden evitar mordisquear tu pezón. Mi deseo, a punto de desbordar.

¡Dong! Tus dedos, tus uñas acarician mi pecho a la vez que besas y lames mi esternon. Te veo casi fuera de tu. Te huelo.

¡Dong! Vas descendiendo hasta mi vientre pero soy yo quien llega antes a tu ombligo. Me toca. Y vuelvo a morderte de nuevo. Te comería a bocados.

¡Dong! Tienes mi miembro en el horizonte, pero paras antes en mi vientre para besarme mientras tus manos se deslizan entre mis piernas.

¡Dong! Ya quedo bajo tus piernas y voy a dentellada limpia. Tu muslo izquierdo es la siguiente víctima y mis manos se aferran a tus nalgas. Mis dedos te dicen que no te soltaré bajo ningún concepto.

¡Dong! Separas mis piernas. Atacas mi ingle descontrolada. Tus manos buscan acariciar mi culo, mis muslos, ... Comienzas a perder el control.

¡Dong! Yo ya estoy casi fuera de mí. Tu muslo derecho ya queda libre de todo rastro de mermelada y mi lengua no puede estarse quieta. Voy a por tu sexo, que me llama desde hace rato. Pero debo esperar a la que hace 12 ...

¡Dong! Tu mano ya agarra con fuerza mi miembro. Duro. Enhiesto. Y tu hambrienta de tenerlo en tu boca. Pero antes limpias la otra ingle atropelladamente, deseando que llegue por fin esa última campanada.

¡Dong! Me adentro en tu cuerpo. Te saboreo. Me saboreas. La mermelada se mezcla con tu néctar y mi boca intenta calmar toda mi sed. Mi sexo se pierde dentro de ti y noto tus dientes como lo muerden. Como tu lengua lo recorre.

La gente en la Puerta del Sol grita. Nosotros gemimos, respiramos atropellados. Nuestras caderas se convulsionan y el animal que llevamos dentro en ocasiones aúlla, araña, muerde, ... No podemos dejar de darnos placer hasta que desbordamos pasión y deseo estallando en un orgasmo feroz, que aún habiendo sido breve sabe a gloria.

Luego nos besaremos y acariciaremos. Repondremos fuerzas y haremos el amor pausadamente, saboreándolo. Pero siempre recordaremos la explosión de la última campanada